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El té negro

Es quizás el té más consumido en todo el mundo. Su popularidad se la ha ganado con creces gracias a su delicioso sabor y sus propiedades.

El té negro tiene una gran oxidación. Después de recoger las hojas, se dejan marchitar, lo que tornará las hojas de un color oscuro; posteriormente, se enrollan y se dejan secar. Este proceso favorece la liberación de teína, por eso es el que más contiene de todos los tipos de té haciéndolo una excelente bebida matutina.

El proceso de oxidación es el que otorga las características a este té. Su color de infusión ámbar oscuro, anaranjado u ocre, su aroma y sabor fuerte y complejo no serían tales sin ese proceso.

Cómo preparar un buen té negro.

El agua para el té negro debe estar muy caliente, llegando hasta casi el punto de ebullición. Después se debe añadir una medida de té negro equivalente a una cucharada de postre y dejarlo reposar durante cuatro o cinco minutos.

Beneficios del té negro.

Como se ha explicado antes, el proceso de oxidación que sufre el té negro le proporciona un elevado nivel de teína, lo que le otorga poder estimulante; esto ayuda a activar el cuerpo y la mente por eso es una bebida ideal para comenzar el día y retomar fuerzas después de comer.

Este té ayuda a controlar el nivel de colesterol en sangre favoreciendo la circulación sanguínea. También tiene un efecto hipoglucémico que ayuda a regular el nivel de azúcar en sangre en las personas diabéticas.

Es un buen protector del ojo, en concreto de los capilares de la retina, porque contiene proantocianidinas, una sustancia que protege estos capilares.

El té negro también contiene muchos antioxidantes, aunque no tanto como en otras clases, muy importantes para combatir el envejecimiento. Además, tiene un efecto saciante que evitará que comas entre horas.

Las personas con hipertensión deben tener cuidado con su consumo por el contenido de teína que posee.